Lic. Mauricio de Jesús Pichín Quesada, 1 Dra. Andrea Olimpia Fariñas Salas 2 y Dra. Sochi Margarita Miyares Quintana

 

Se tornó indispensable una nueva visión de la realidad que tuviera en cuenta el carácter no lineal de la conducta de interconexión e interdependencia de estos sistemas, debido a que estamos rodeados en el mundo real por un comportamiento similar en una gran parte de todo el universo; así surgió, en la Física, la Teoría de los Sistemas Dinámicos (porque están sujetos a movimientos y cambios constantes) no Lineales, y el lenguaje matemático asociado a ella, conocido como Matemáticas de la Complejidad.

 

La Teoría de Sistemas Dinámicos no Lineales y sus ramas más importantes: la Teoría del Caos y la de Fractales, en realidad constituyen teorías matemáticas — cuyo aparato es aplicable a una amplia gama de fenómenos de la naturaleza — que enfatizan su abordaje sobre las cualidades de los sistemas, lo cual marca un viraje radical en el análisis científico, que deja de ser cuantitativo porque centra su atención en las relaciones funcionales entre los componentes que conforman los patrones sistémicos, de manera que es posible estudiarlos desde la conducta del todo dinámico, conocido como patrón de organización, que se basa en la configuración de relaciones entre los elementos que componen el sistema. Del mismo modo que, en el lenguaje, la letra de una palabra no tiene nada que ver con el significado de esta, los átomos y moléculas que constituyen una célula no determinan sus cualidades. Estos patrones sistémicos conforman la red, y al ser analizado el sistema mediante técnicas matemáticas, se logra revelar su comportamiento en gráficos de curvas y diagramas que posibilitan acceder a su conducta. 1

 

La Teoría de los Sistemas Dinámicos no Lineales se fundamente en el estudio de la estabilidad, inestabilidad y periodicidad o no periodicidad de las soluciones para las ecuaciones que describen la condición de los sistemas dinámicos no lineales. 2, 3

 

En la física clásica, las fórmulas relativas a estos sistemas obviaban y linealizaban los efectos no lineales mediante aproximaciones tales, que solo se incluían en las ecuaciones pequeños cambios de los parámetros físicos del sistema, lo cual no se corresponde enteramente con la realidad, además de asumirse que causas parecidas provocaban efectos similares, lo que estaba muy lejos de lo cotidiano, como veremos más adelante en el comportamiento caótico.

 

La no linealidad de la conducta de estos sistemas está determinada por los procesos de retroalimentación que aparecen en las interacciones entre sus elementos constitutivos, donde el resultado de un proceso es utilizado nuevamente para iniciar el mismo proceso, marcando una iteración (característica matemática común de los atractores extraños y el vínculo entre la teoría del caos y la fractal), que puede ser definida por una ecuación iterativa. 2, 3. De esta manera se pierde la linealidad entre la relación de la causa y el efecto y la suma de los efectos de las partes ya no nos ofrece la totalidad de la conducta del sistema.

 

· Autoorganización y estabilidad

 

En los organismos vivos, las relaciones de interacción entre sus componentes y el continuo intercambio al que están sujetos con el medio, definen su carácter no lineal, lo cual genera la aparición de cualidades emergentes que no se explican tomando en cuenta las propiedades de cada una de sus partes. Estas cualidades solo pueden ser determinadas en el patrón de organización, o sea, a partir de la visión del sistema como un todo, por lo cual la estrategia cartesiana que hasta el siglo pasado había imperado en la ciencia y requería la división en cada una de las partes para su análisis y medición cuantitativa, devenía obsoleta para estudiar el fenómeno cualitativo resultante de las funciones de red sistémicas aparecidas en estos sistemas alejados del equilibrio termodinámico.

 

El concepto de red asociado a estos sistemas se deriva de la propia autoorganización sistémica que emerge de la interacción entre las partes y delimita fronteras de interacción entre los componentes del sistema, incluidas las iteraciones retroalimentadoras que se desencadenan en estos y los pueden conducir de estados cercanos a la estabilidad a condiciones absolutamente inestables, donde el sistema sobrevivirá si la perturbación no excede de los límites de flexibilidad y tolerancia que posee, pues de lo contrario se destruirá.

 

La autoorganización en tales sistemas constituye una característica fundamental que resulta de la capacidad de flexibilidad autorreguladora otorgada por las relaciones de interdependencia de sus partes ante las perturbaciones externas e iteraciones de retroalimentación propias, las cuales propician que cualquier situación (favorable o no) se extienda por toda la red y retorne a su origen a lo largo de cadenas de bucles de retroalimentación, de modo que el sistema aprenderá y se regulará a sí mismo ante las diferentes circunstancias. Esta aparición espontánea de orden por las regulaciones resultantes de las retroalimentaciones recibe el nombre de autoorganización.

 

En los sistemas dinámicos complejos, así como ocurre en los sistemas vivos, la autoorganización se define por 3 características básicas:

 

ü Interconexión no lineal entre los componentes del sistema

 

ü Alejada del equilibrio termodinámico

 

ü Creación de nuevos componentes y modos de conducción durante el intercambio

 

Al concepto de autoorganización hay que añadir el de estabilidad de la red, el cual indica la potencialidad del sistema para automantenerse en determinados estados por un tiempo específico, como sucede por ejemplo con el cauce de un río cuando le lanzamos una piedra, pues como el río es un sistema caótico, el cauce no se ve afectado; pero si las moléculas de agua siguieran un curso altamente ordenado, la simple caída de una piedra a ella modificaría de forma tal el cauce, que este cambiaría radicalmente.

 

· Inestabilidad y estructura disipativa

 

Los organismos vivos, en tanto sistemas dinámicos no lineales, se conducen como sistemas caóticos ante aquellas perturbaciones que les hacen perder la estabilidad y determinan su desarrollo y evolución.

 

A medida que un sistema se aleja del equilibrio, los flujos de materia y energía son cada vez más fuertes, de manera que aumentando considerablemente la disipación y evolución del sistema se dirige hacia el encuentro de puntos críticos, donde los flujos lo obligan a ser muy inestable y algunas diferencias mínimas en las variables de las condiciones externas producen conductas capaces de llegar a ser extraordinariamente disímiles, lo cual se conoce como efecto mariposa.

 

La desviación hacia un estado completamente nuevo puede estabilizar aún más su comportamiento, aunque muestre una tendencia cada vez mayor a la disipación, de forma que la estabilidad se logra a costa de un alto nivel entrópico, si bien en este caso la relación entre entropía y orden es contemplada bajo una nueva perspectiva, lo que define paralelamente un nuevo concepto para describir la autoorganización en sistemas abiertos, lejos del equilibrio: las estructuras disipativas, que además de mantener el estado estable lejos del equilibrio, pueden incluso evolucionar. 2, 4

 

Todos los sistemas van del orden al desorden; y para comprobarlo basta analizar hechos tan cotidianos como que los animales enferman, envejecen y mueren; las vasijas de cristal se rompen al caer, los equipos electrodomésticos se descomponen, y así sucesivamente, porque tienden al estado de máxima probabilidad o máximo desorden. Este estado es el atractor del equilibrio térmico, y una vez que se alcanza, el sistema no se aleja más de él; aunque en ocasiones, debido al movimiento aleatorio de las moléculas, el sistema puede pasar por otros estados que oscilarán a su alrededor y solo permanecerá en tales condiciones durante poco tiempo. En la estructura disipativa también se propendeal estado de máxima probabilidad, que sigue siendo el de máxima generación entrópica, salvo que en este el sistema gana en orden y puede mantener la estabilidad.

 

La Teoría de las Estructuras Disipativas puede explicar los fenómenos alejados del equilibrio en todos los sistemas dinámicos no lineales, incluidos los sistemas vivos, donde las moléculas y los procesos en los que estas se involucran, no se encuentran en estado de movimiento aleatorio, sino de equilibrio termodinámico, debido al cual, si se moviesen en forma predeterminada, terminarían existiendo zonas más calientes o más frías y no habría equilibrio alguno; por tanto, como el caos se asocia con equilibrio, ello explica entonces aquellos movimientos moleculares en los que estas se entrelazan a través de múltiples bucles de retroalimentación cuyas ecuaciones (no lineales) ya no son gobernadas por atractores puntuales.

 

Un atractor está dado por uno o más valores donde las iteraciones del sistema tienden a estabilizarse, es decir: el conjunto de valores donde la función f(x) se estabiliza cuando el número de iteraciones y tiende a infinito; con otras palabras: el atractor es una condición que hace que el movimiento se dirija hacia él, lo cual significa que el movimiento de un sistema es atraído hacia un estado final, denominado atractor. Es muy probable que todos los movimientos caóticos de los sistemas posean su atractor, pero resulta extremadamente complejo determinarlo desde el punto de vista matemático. Como ejemplo de atractor del organismo humano para contraer algunas enfermedades no infecciosas se puede citar al genoma; y de otros casos, el modo de vida del individuo, incluida su proyección mental.

 

La estructura disipativa permanece alejada del equilibrio mediante una serie de bifurcaciones. En esos puntos pueden producirse espontáneamente estados de orden, 6 en el sentido de la probabilidad de los estados en que se encuentra el sistema, aunque la entropía total de este último continúe aumentando, lo cual no significa un incremento en desorden, sino que los estados de orden y desorden convergen en una danza de creación simultánea, conocida como intermitencia, donde el caos se deriva del orden y viceversa, y lo simple alterna con lo complejo. 3

 

Desde el punto de vista filosófico, el concepto de complejidad surge cuando se empieza a disponer de las técnicas matemáticas necesarias para discernir el comportamiento de los sistemas, que marcan su trascendencia epistemológica. Así, comienza a emerger desde los años 70 un novedoso paradigma científico que aborda el comportamiento sistémico como una realidad universal compleja, pero inevitable de asumir si se aspira a comprender la magnitud de los fenómenos universales, partiendo de una nueva dimensión para su estudio, más allá del marco cartesiano.

 

· Irreversibilidad y redes energéticas

 

El químico y físico ruso Ilya Prigogine, Premio Nobel de Química en 1977 y profesor de la Universidad Libre de Bruselas (Bélgica), se percató en la década de los 70 de la importancia que revestían las pérdidas por disipación en los sistemas alejados del equilibrio, al definir estas la irreversibilidad de los procesos que ocurren en dichos sistemas. 5 La irreversibilidad se convierte entonces en “el mecanismo que extrae orden del caos”, 2 según palabras del propio científico. Los procesos irreversibles de retroalimentación positiva en los sistemas químicos alejados del equilibrio combinan 2 mecanismos diferentes: las reacciones químicas y el flujo de moléculas por gradiente de concentración. Las ecuaciones que describen tales procesos, se conocen como ecuaciones de reacción – difusión.

 

Un caso clásico de proceso irreversible que fundamenta a la vida misma, son las reacciones químicas de un tipo especial, identificadas como bucles catalíticos, puesto que no habrá inestabilidad química simplemente porque el sistema esté alejado del equilibrio, sino que esta se produce por medio de una reiterada retroalimentación autoamplificadora, que se origina en tales reacciones y es capaz de llevar al sistema químico a situaciones de inestabilidad que le confieren mayor complejidad a su organización en los sucesivos puntos de bifurcación, al aumentar sustancialmente la cantidad de energía consumida y a su vez disipada. Es así que se convierte en una nueva estructura en cuanto a orden (estructura disipativa), por lo que la relación entre incremento de la entropía y orden creciente, aparentemente contradictorias (son características básicas de los sistemas vivos), se resuelve satisfactoriamente con la definición de estructura disipativa realizada por Prigogine. 2

 

En las nuevas ciencias de la complejidad, la asociación que hacía la física clásica en cuanto a que solo el equilibrio engendraba el orden, es rota de forma crucial al asociarse el no equilibrio al orden.

 

Desde el punto de vista orgánico, las redes energéticas son el resultado de la organización de millones de pares electrónicos y portadores de carga positivos, que estructuran un patrón de organización estable. Las fluctuaciones continuas, alejadas del equilibrio en las bifurcaciones, y la reiteración de bucles de retroalimentación como iteraciones repetidas en las ecuaciones, hacen que un mínimo error por una aproximación en los cálculos, redunde en la aparición de una gran incertidumbre; y ambas situaciones conducen a que sea imposible predecir la conducta de tal sistema.

 

El comportamiento caótico es una característica intrínseca de las estructuras disipativas. Ninguno de nosotros sabe cuánto nos afectará mañana el viento que nos golpea hoy suavemente en la cara, si en el momento de ocurrirnos esto nos encontramos fuera de la estabilidad; es decir, en el punto crítico de estabilidad. La conducta caótica impredecible de las estructuras disipativas libera la potencialidad de nuestro organismo de desarrollo frente a las noxas patógenas y es además responsable de la evolución de este, pues si en la bifurcación se vuelve a alcanzar la estabilidad, debido a que la agresión quedó dentro de los límites instantáneos permisibles de tolerancia del sistema — lo cual depende, como ya hemos dicho, de las condiciones imperantes cuando se instaló –, se desencadenarán mecanismos y procesos tales que desarrollarán nuevas estructuras en este bajo un nuevo orden.

 

En el punto de bifurcación, la estructura disipativa puede destruirse o pasar a uno o varios nuevos estados de orden; pero el camino que tomará entonces, dependerá del estado anterior a la aparición del punto crítico y de la gestación misma del umbral de estabilidad por el intercambio, o sea, de la cantidad de energía de la perturbación. Aquí la sensibilidad es extrema a los ruidos provenientes del entorno, que se manifiestan como pequeñas fluctuaciones aleatorias y determinan la conducta a seguir por el sistema en su propia autoorganización. Es por ello que en los sistemas vivos existe la interrelación permanente entre los antecedentes previos de desarrollo del sistema y su propia estructura. El médico conoce, por su experiencia clínica, que la evolución de las enfermedades tiene mucho que ver con los precedentes patológicos a la aparición de los primeros síntomas.

 

En la nueva perspectiva, donde se incluyen autoorganización, sensibilidad mínima a los cambios, historia anterior, creatividad y orden creciente en complejidad, se manifiestan algunas de las características de los sistemas vivos en los alejados del equilibrio; pero no es menos cierto que la capacidad de autoorganización de estos reviste matices complejos, porque define una estructura estable, cuya red de componentes posee la potencialidad de autorréplica y producción continua de los elementos de la propia red.

 

La necesidad de aire, agua e ingredientes sólidos en el ser humano forma parte del intercambio implícito que delimita los patrones de autoorganización de este; así, mientras una cantidad dada de flujo de materia y energía determina un patrón de organización estable, otros volúmenes marcarán la diferencia, el sistema saldrá de la estabilidad y engendrará un patrón diferente, que implicará su evolución hacia un nuevo estado estable o a la destrucción. Por tal razón se le adjudica tanta importancia a la respiración misma en las culturas orientales, puesto que la entrada del aire no solo representa la adquisición del oxígeno que será utilizado por el organismo, sino que al inspirar desencadenamos un gradiente hacia el exterior de las corrientes de portadores de cargas, pues los propios cambios mecánicos desencadenan ondas que afectan la red y, por ende, la estructura orgánica; al espirar ocurre el mismo fenómeno físico, pero en sentido inverso, de manera que propicia una condición virtual de entrada de corrientes de portadores de cargas.

 

Cada situación de intercambio engendra un patrón propio en la red y, de igual modo, la ingestión de alimentos determinará una estructura (corporeización física del patrón de organización) concreta de la organización del sistema vivo; así, comidas más sanas promoverán la estabilidad y alimentos insanos favorecerán lo contrario, pues los cambios en la red y la estructura del organismo dependerán cada vez más de las condiciones iniciales en que ocurre el intercambio.

 

Un proceso similar aparece en las inmediaciones de la membrana celular, donde se origina inicialmente la estructura de la red biológica del organismo. Debido a interacciones entre los portadores de cargas negativa — fundamentalmente de los electrones libres — y positiva, respectivamente, además de los intercambios en membrana se presentan pequeños movimientos (oscilaciones) que terminan constituyendo ondas para cada tipo de portador, de forma muy similar a la génesis del fonón (unidad quántica de energía vibracional en los cristales, producida por las ondas térmicas y cortas de sonido en el sólido), pero en un medio diferente y con otros matices. El suministro continuo de energía y materia desde el medio exterior provoca movimientos energéticos organizados por el sistema, al devenir cada célula una estructura disipativa, que en conjunto forman la red y cuya organización es el resultado de las inestabilidades a que se ve sometida cada una de ellas por el intercambio continuo.

 

Dado que en la naturaleza todo está interconectado y el proceso de medición, el observador y lo observado constituyen un todo único, se impone trascender la búsqueda de la individualidad y asumir al sistema como un todo cualitativo, en pos de las relaciones que conforman el patrón de organización de este, es decir, sus funciones sistémicas.

 

Las funciones sistémicas que le confieren las cualidades del todo al sistema, se esconden y gestan en cada una de las interconexiones y relaciones de los elementos entre sí; y cuando estas se pierden, es preciso restituir las condiciones conducentes a que el sistema retome en su dinámica a la estabilidad e interacciones de la red, lo cual significa restablecer al todo sistémico (patrón de organización) dentro de parámetros que propicien su retorno a la dinámica estable. Es obvio que si logramos conducir al sistema a una bifurcación donde reaparezca la dinámica estable de la red, entonces automáticamente esta influirá sobre la estructura disipativa (aquí vemos que, en el sistema, el vínculo fuerte entre estructura y patrón de organización lo constituye el intercambio de materia y energía, de modo que la dinámica sistémica dependerá enteramente de este flujo).

 

Esa relación entre estructura y patrón de organización es el principio de todas las terapias, incluidas las de imposición de manos: pretender cambiar por diferentes vías el flujo que se intercambia, pues en estas el campo energético de la mano influye sobre el intercambio de la red y puede o no desviar el estado de ella hacia una inestabilidad, en dependencia de la cantidad de energía portada por el campo de la mano del terapeuta, a partir de la cual se desencadenarán en el sistema ciertos cambios hasta retomar o no a un estado estable. Si la imposición es efectiva y los niveles de intercambio varían bruscamente, pueden observarse en los pacientes reacciones vagales fuertes, que se corresponden con los nuevos estados de inestabilidad por los que transcurre el sistema hacia un nuevo orden estructural y de la red. Estas reacciones duran intervalos distintos en cada paciente, en dependencia del grado de sensibilidad a las condiciones iniciales de cada cual; o sea, del estado del sistema, que a su vez dependerá totalmente del estado inicial antes de la imposición, además de la cantidad de energía por instante de tiempo (potencia energética) que entrega el terapeuta.

 

Lógicamente, en el estado inicial resulta muy importante para cualquier tratamiento que se aplique, el grado de aceptación consciente de la actividad en la cual se verá inmersa la persona afectada, dado que la mente es una función sistémica e influye notablemente sobre el estado de la red; por ello, asumir responsablemente el plan terapéutico puede garantizar mejorías espectaculares, en menor grado cuando se cumple a medias e incluso ser nulo el resultado cuando no se confía en la eficacia de las medidas prescritas y, por supuesto, se incumplen de una manera u otra.

 

 

CONCLUSIONES

 

Sobre la base de las nuevas perspectivas sistémicas y en especial de las teorías de los sistemas no lineales y del caos, respectivamente, es posible discernir la relación indisoluble entre estructura (soma) y patrón de organización del sistema (red biológica) a partir del intercambio de materia y energía, que lo convierte en un sistema abierto, con las características de estructura disipativa durante las inestabilidades, a lo cual responden todos los seres vivos y constituyen el fundamento del origen, evolución y desarrollo de la vida en nuestro planeta.

 

FUENTE: http://bvs.sld.cu/revistas/san/vol8_3_04/san07304.htm#Categ

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